Hay algo bastante curioso en llevar más de diez años preparando oposiciones y decidir volver a opositar: de repente, la preparadora necesita preparador.
Y ahí me he visto yo estas últimas semanas, buscando academias, mirando modalidades, investigando quién daba las clases y pensando: vale, Mireia, ¿y tú qué buscas ahora que estás al otro lado?
Porque he decidido prepararme las oposiciones de Inspección Educativa y una de mis primeras decisiones ha sido precisamente esa: elegir un buen preparador de oposiciones.
Y os cuento cómo lo he hecho.
Primero: ¿quién me va a preparar?
No he buscado la academia con más temas, más documentos o más promesas. He buscado personas.
He investigado quién estaba detrás de cada preparación, cuál era su trayectoria y qué relación tenían realmente con la Inspección Educativa.
Finalmente me he quedado con la opción cuyo profesorado me daba mayor confianza: inspectores con experiencia, trayectoria profesional y conocimiento directo del procedimiento selectivo.
Porque si voy a invertir muchas horas en esto, quiero aprender de alguien cuyo día a día sea precisamente aquello para lo que yo me estoy preparando.
También tenía claro dónde quería prepararme
Voy a opositar en la Comunitat Valenciana, así que quería una preparación de aquí. Evidentemente tendré que estudiar normativa estatal, pero no quería una preparación genérica.
Quiero conocer bien nuestro contexto, nuestra normativa autonómica, nuestra administración educativa y la realidad de la Inspección en la Comunitat Valenciana.
Después de tantos años preparando oposiciones docentes, sé que contextualizar importa. Y mucho.
¿Online o presencial?
Aquí también lo tenía bastante claro: las dos cosas. Necesito el online porque trabajo, preparo opositores y mi agenda no está precisamente vacía.
Pero me conozco. Me gusta sentarme en un aula de vez en cuando, preguntar, escuchar otras dudas, conocer a mis preparadores y tener ese contacto directo.
Así que he elegido una preparación que me permite trabajar online y acudir presencialmente aproximadamente una vez al mes.
Para mí es el equilibrio perfecto.
¿Y los materiales?
Claro que los he mirado. Pero después de tantos años preparando opositores hay algo que tengo bastante interiorizado: tener muchos materiales no significa estar bien preparado.
De hecho, a veces significa exactamente lo contrario: tener una carpeta enorme que no sabes por dónde empezar.
Yo no busco que me den cientos de documentos. Busco que me enseñen qué es importante, cómo organizarlo y cómo utilizarlo cuando tenga delante una prueba de oposición.
Porque estudiar puedo hacerlo yo. Lo que quiero de un preparador es estrategia, criterio, práctica y feedback.
Entonces… ¿he elegido bien?
Pues no lo sé. Y creo que esa es precisamente la parte interesante de empezar a contar todo esto ahora.
Puedo deciros por qué he elegido esta preparación y qué criterios he seguido, pero será dentro de unos meses cuando pueda contaros qué me ha funcionado, qué no y qué haría diferente.
Esta vez quiero compartir el proceso mientras lo estoy viviendo, no cuando ya haya terminado.
Después de tantos años diciéndoles a mis opositores que confíen en el proceso, que hagan simulacros aunque no se sientan preparados, que no acumulen materiales y que lleven los repasos al día… ahora veremos si soy capaz de aplicármelo. 😅
Porque una cosa es ser preparadora. Y otra muy distinta volver a sentarte delante de un temario y pensar:
“Bueno… ¿por dónde empiezo?”
La preparadora vuelve a opositar. Y esta vez, la mochila también es la mía. 🎒
