Llevas meses preparando tu programación didáctica. Has revisado la normativa, diseñado situaciones de aprendizaje, pensado en tu alumnado y dedicado horas a que cada apartado tenga sentido.
Y entonces llega uno de los momentos más importantes de la oposición: ponerte delante del tribunal y defender todo ese trabajo.
¿Y si te dijera que uno de los errores más frecuentes es intentar contarlo absolutamente todo?
Siempre les digo a mis opositores que una buena programación no garantiza una buena defensa. Puedes haber elaborado un documento magnífico, pero necesitas saber transmitirlo.
Porque defender no es recitar.
Defender es justificar tus decisiones pedagógicas.
«Mi programación utiliza metodologías activas, aprendizaje cooperativo y diferentes estrategias de atención a la diversidad».
Otra explica:

El tribunal ya tiene tu programación. ¿Qué vas a aportar tú?
Imagina dos formas de explicar exactamente lo mismo.
Una opositora dice:
«He organizado mi aula en equipos heterogéneos porque quiero que mi alumnado aprenda a colaborar. Pero trabajar en equipo no significa simplemente sentarlos juntos. Por eso, cada miembro tiene una responsabilidad y utilizo diferentes estrategias para garantizar que todos participen».
¿Ves la diferencia?
La segunda opositora no se limita a enumerar. Explica qué hace, cómo lo hace y por qué.
No necesitas memorizar más. Necesitas comunicar mejor.
Una defensa debe tener un hilo conductor, una estructura clara y ejemplos que permitan visualizar tu práctica docente.
Y, sobre todo, debe transmitir coherencia entre lo que has escrito y lo que realmente harías en tu aula.
No se trata de convertir tu exposición en un espectáculo ni de aprender frases grandilocuentes. Se trata de hablar con naturalidad, dominar tu propuesta y saber justificar cada decisión.
Por eso, he preparado un documento gratuito con diez trucos para organizar, ensayar y mejorar tu defensa.
Encontrarás estrategias de comunicación, ejemplos prácticos y una lista de comprobación para tus últimos ensayos.
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