Oposiciones en septiembre o junio: mi opinión como docente y preparadora

¿Oposiciones en septiembre o junio? Como docente y preparadora, reflexiono sobre el estudio en verano, el inicio del curso escolar y la calidad educativa.

¿De verdad es una ventaja tener todo el verano para estudiar? ¿Es mejor examinarse en septiembre, cuando empieza el curso escolar, o en junio, cuando estamos agotados después de todo un año de trabajo?

Este año, las oposiciones de maestros de la Comunidad Valenciana han cambiado de calendario. Y, aunque a primera vista disponer de más tiempo para estudiar parece una excelente noticia, después de tantos años preparando opositores, yo no lo tengo tan claro.

De hecho, si me preguntáis, yo me quedo con junio.

Y os voy a explicar por qué.

Oposiciones en septiembre o en junio

¿Tener más tiempo significa estar mejor preparado?

Uno de los principales argumentos a favor de septiembre es evidente: tenemos todo el verano para estudiar.

Más tiempo para repasar los temas, resolver supuestos prácticos, perfeccionar la programación didáctica y realizar simulacros. Para quienes no trabajan durante julio y agosto, puede ser una oportunidad magnífica.

Pero hay algo que siempre les digo a mis opositores: no se trata de cuánto tiempo tienes, sino de cómo lo organizas.

Una buena temporalización, unos objetivos realistas y una planificación que contemple también el descanso pueden marcar más diferencias que disponer de dos meses adicionales.

Porque, seamos sinceros, ¿cuántas veces hemos tenido todo el día para hacer algo y hemos terminado aprovechando apenas unas horas?

Y tampoco podemos olvidar que el verano no es igual para todos. Hay opositores con hijos, responsabilidades familiares o trabajos que no desaparecen durante julio y agosto.

Más tiempo disponible en el calendario no significa necesariamente más tiempo de estudio efectivo.

Junio: ¿el agotamiento del final de curso o la ventaja de cerrar una etapa?

Por supuesto, junio tampoco es perfecto.

Quienes trabajamos en educación sabemos lo que supone llegar al final del curso escolar: evaluaciones finales, informes, reuniones, memorias y un cansancio acumulado que no podemos ignorar.

Compaginar todo esto con la recta final de una oposición exige muchísimo esfuerzo.

Sin embargo, encuentro una ventaja importante en este calendario: con una buena planificación, puedes organizar el cierre del curso y concentrar tus esfuerzos en la oposición, sin tener que afrontar simultáneamente el arranque de uno nuevo.

Además, terminar los exámenes antes del verano permite desconectar, recuperar energía y comenzar septiembre con una etapa cerrada.

Y esto, para mí, tiene muchísimo valor.

Septiembre: ¿hemos pensado realmente en lo que supone empezar un curso escolar?

Aquí está, precisamente, mi principal argumento en contra del cambio.

Septiembre no es un mes cualquiera para un docente. Es uno de los momentos de mayor exigencia organizativa y emocional del año.

Nuevos alumnos, nuevos compañeros, nuevos centros para quienes cambian de destino, preparación de las aulas, programaciones, evaluaciones iniciales, periodos de adaptación…

Y, por si fuera poco, ¡una oposición!

Pensemos en un maestro que llega a un centro nuevo. Tiene que conocer a sus alumnos, coordinarse con sus compañeros, preparar materiales, organizar el aula, planificar las primeras semanas y atender las necesidades de su grupo.

Ahora imaginemos que, al mismo tiempo, debe dedicar sus tardes a repasar temas, practicar supuestos y preparar la defensa de su programación.

¿De dónde sacamos las horas? ¿Y la energía?

Por supuesto, no todos los opositores están trabajando en septiembre, pero para quienes sí lo hacen, esta coincidencia puede convertirse en una dificultad considerable.

Y aquí aparece una cuestión que me preocupa especialmente: ¿qué ocurre con la calidad de la atención educativa cuando exigimos a los docentes que afronten simultáneamente dos responsabilidades tan importantes?

No digo que necesariamente vaya a empeorar la educación, pero sí creo que estamos introduciendo un factor de desgaste que merece una reflexión seria.

Las ventajas y los inconvenientes de cada calendario

Oposiciones en junioOposiciones en septiembre
Permiten terminar el proceso antes del verano.Ofrecen más semanas de preparación.
Coinciden con el cansancio acumulado del curso.Pueden facilitar el estudio a quienes tienen el verano libre.
Se solapan con evaluaciones y tareas de final de curso.Pueden complicar la conciliación durante las vacaciones escolares.
Facilitan comenzar septiembre sin exámenes pendientes.Coinciden con la organización y el inicio del curso escolar.
Exigen planificar cuidadosamente los últimos meses.Pueden prolongar la presión y el desgaste durante todo el verano.

No existe un calendario perfecto. Ambos presentan dificultades y ventajas que dependerán de las circunstancias de cada opositor.

Pero hay otro aspecto que no deberíamos pasar por alto.

¿Y qué ocurre con los tribunales?

Hasta ahora hemos hablado de los opositores, pero ¿qué sucede con los docentes que forman parte de los tribunales?

También tienen que preparar el inicio del curso, organizar sus aulas y atender sus responsabilidades profesionales.

Compaginar esas tareas con la corrección de exámenes, la valoración de programaciones y las defensas orales puede suponer una carga adicional.

Y aquí me surge una pregunta: ¿estamos creando las mejores condiciones para que los tribunales puedan realizar su trabajo con la atención, el tiempo y la tranquilidad que merece un proceso tan importante?

Porque no hablamos de un examen cualquiera. Hablamos de un procedimiento que puede determinar el futuro profesional de muchas personas.

Mi conclusión: yo me quedo con junio

No porque junio sea un mes perfecto, ni porque considere que estudiar durante el verano sea necesariamente negativo.

Me quedo con junio porque creo que una oposición necesita planificación, constancia y unas condiciones que permitan concentrarse en lo verdaderamente importante.

Y, sobre todo, porque considero que el inicio de curso merece toda nuestra atención.

Los primeros días son fundamentales para conocer al alumnado, construir vínculos, establecer rutinas, detectar necesidades y sentar las bases de lo que ocurrirá durante el resto del año.

¿Realmente queremos que todo esto coincida con uno de los momentos de mayor presión profesional para un docente?

También reconozco que el nuevo calendario contempla medidas para reducir algunas dificultades. La Conselleria ha previsto liberar de sus clases al profesorado que forme parte de los tribunales, precisamente para evitar que tenga que simultanear ambas funciones.

Sin embargo, sigo pensando que debemos reflexionar sobre el impacto global del proceso en los centros educativos.

Para mí, el tiempo es relativo. Con una buena organización podemos aprovechar los meses de preparación sin necesidad de prolongar indefinidamente el proceso.

Y hay algo que considero todavía más importante: no deberíamos organizar únicamente las oposiciones pensando en los exámenes, sino también en el alumnado que empieza un nuevo curso escolar.

Esta es mi opinión como docente y preparadora. Pero me interesa especialmente conocer la vuestra.

¿Habéis agradecido disponer de todo el verano para estudiar? ¿Os ha resultado complicado compaginar los exámenes con el inicio de curso? ¿Preferís junio o septiembre?

Os leo.